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El otoño es más que una ventana para volver a recobrar algo de ti: Un texto de Valentín Ortiz Rebolloso

lautunno-dalla-finestra-del-mio-studioÉbano, S. L. P.- No lo hubiera querido contar nunca, porque sé que sería el blanco perfecto de las miradas, de las sornas, y tal vez de los epítetos de que soy un discapacitado de esos cuya lengua de doble filo lo destazan sin piedad a uno, aun no siendo su enemigo o aun sin haberles dirigido el saludo al encontrarlos en los caminos transitados.

Y debo de decirlo, que nunca los otoños me son anti asmáticos, cuando abro la ventana y te encuentro ahí, en ese punto que mi ventana abierta, le permite vislumbrar con amplitud las imágenes que en esa dirección se ubican.

Tu estas ahí con tu dorso marmoleo al descubierto, y entonces viro mi rostro hacia mi cama, hacia su costado izquierdo, y apareces tú de cuerpo entero; nada de tus partes te faltan. Divago por larguísimos minutos y me doy cuenta de que no existes dentro de este espacio de tres metros por tres al cuadrado.

Otra vez regreso mi mirada a ese jardín y descubro en ti una complaciente sonrisa, me pregunto ¿la cafeína en exceso me estará dañando mi cerebro?, acaso el leer tanto sobre la cultura griega , el ser un admirador de las obras de Miguel Ángel, el re imaginarme que alguna vez intente ser Paris para Helena, que una vez me introduje a un mar sin saber nadar con ella y tocamos a la luna, que sobre sus aguas se mecía, y que volvimos a salir de esas para los dos vivir una comunión eterna sobre las arenas, que a pesar que era de noche las sentíamos tibias.

Los cangrejos es cierto que caminan hacia atrás, solidariamente no sé si por su propia conducta condicionante, no quisieron escalar nuestros cuerpos, y tu cuerpo fue esa corola blanca sobre las olas coronándolas, que nos decían vengan, también queremos saber de su existencia.

Una línea de ardentía de peces frente a nosotros cruzó en dirección al oeste, y la luna nueva posada encima de nosotros, con su aurífera luz nos bañaba, dejando al descubierto nuestros frutos. Sólo las olas, la arena, una tortuga desovando sus huevecillos y un ermitaño cangrejo, dieron cuenta de que en ese lugar éramos intrusos,

No, yo sé que no estoy loco, que esta extraña asma que me quedó, después de muchas intervenciones quirúrgicas, que ésta a veces pérdida de memoria, cuando abro la ventana y te veo ahí en ese lugar, entonces me doy cuenta que otra vez estoy vivo que ahora sé que esos brazos que te faltan, están por las noches acariciándome. Sé que tú nunca me lo creerás, que esa fue la última noche en que no debí haberme embriagado, que esos pesos mal gastados, a ti te hacían falta .

Tarde es para pedir disculpas, mas no es tarde para decirte que si mi madre no me hubiera cruzado el rostro con esa bofetada, largo hubiera sido el riachuelo de vituperios, por culpa de la frustración que provocaba el no estar cerca de tí esa noche, donde mis miserias me desenmascararon que no valía una moneda de zinc para ti…

Fragmento de un Texto de Valentín Ortiz Rebolloso, Ébano, S.L.P., Méx. Pie para la Pintura de Georgio Gjergj Kola, “L’autunno dalla finestra del mio studio “, Fano, Italy, 2016“

El otoño desde la ventana de mi estudio”. Fano, Italia, 2016

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