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Él deseaba acariciar un instante la luna… Un texto de Valentín Ortiz Rebolloso

Ébano, S. L. P.- Si no fuera por este cotidiano fresco viento, mi vida sin tí en este inmisericorde exilio, en mi falso paraíso – y duele decirlo -, en esta mi propia tierra, con mi propia mano, ya me hubiera extinguido.

Tardía llegaste, justo una tarde de búsquedas; de arrastrar penas, de recobrar lo que la nostalgia muchas veces nos lleva a retroceder la memoria, que este tarde lo doloroso de ella, tú lo haces menos.

Y es que al ver aquella silla de bolear, me interrogué qué sería de aquél que me tendió la mano, que fue mi celestino, que solidariamente me salvó ante un día en que la muerte me tenía condenado.

Y si aquel muchacho no hubiera intercedido por mí, un número más en las estadísticas de desaparecidos por esta sucia guerra lo fuera. Esa es una de las tantas pesadillas que quisiera borrar al igual que las otras de mi vida.

Y cuando le pregunte al aseador de calzado por el ausente amigo me lo dijo , muy acongojado, ya murió, los reyes magos se lo llevaron, como un regalo al cielo y ahora llegas tú, sin desearlo a solventar mis dolores… que mi madre al arrullarme, aún de grande entre su brazos, me los alejaba. Y es que para una madre no hay hijo malo, menos derrotado. Ella hasta el último día de su existencia me dio la fortaleza de continuar de pie y no dejarme socavar ante la adversidad que humilla.

Esa tarde apareciste, nos bebimos un café apuradamente; reíste, tal vez estabas confundida, quizás el recuerdo que te calcinaba, ese que deseabas que regresara, esa noche se te concedió. Fui su fantasma o viceversa, de mi tú también lo fuiste, eso creo imaginarme…

Esa noche era la de un día a punto de extinguirse. Estaba por terminar mi concierto, mis pulmones y mis pies estaban cansados; era una noche antes de que llegara el día de la madre. Soy, lamento, debo decirlo, soy un huérfano, hasta el día de hoy… aunque tu sonrisa, tu titubeo que te precipito el decir sí, el haber caminado a tu lado por algunos minutos, me aproximaran a lo que Dios, los centaveros pastores, le suelen decir cielo.

Confieso que solo quería tocar la luna del mes de mayo con mi mirada y mis sueños, en mi espacio del cual, sin pretexto alguno, seas tú esa luna de un cielo que ansió sea mío, cuando menos un breve instante de mi pírrica vida, que cuando retrocedo a mi infancia, me hace ser un barco de papel zozobrando sobre las bravías aguas de un riachuelo, que dejaban el paso de la torrencial lluvia.

Ilustración: El Señor del Sax, Don Pedro Salazar “, De Apuntes a la Distancia. Pintura de Georgio Gjergj Kola, Pintor de la República de Albania, Mayo de 2017.

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