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Ella a veces platica con su distante estrella: Un texto de Valentín Ortiz Rebolloso

Ébano, S. L. P.- A veces ella platica con las estrellas del cielo en su soledad y también los nietos cuando la visitan le escuchan atentos la historia de la hija que se le fue para otro distante cielo, no derrama sus lágrimas para no entristecerlos, más dentro de ella las penas que la ahogan se las lleva a sus sueños para arrullarlas y acrecentar su collar de cuitas.

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Esta noche la voz de ella la aproximó al cielo de su hogar, donde la amamantó con el sagrado alimento de su pecho, cuando entre sus brazos la arrullaba de niña y le dijo “no te preocupes, yo no estoy vieja, ni enferma. A mis 80s estoy como Santa Elena, si estoy más buena”; no perdía el sentido de humor . “Estoy resintiendo algunos golpes de la vida pero me resisto a que me tumben, por ello continuo de pie. Golpes que aunque hayan sido muy dolorosos, no me derrotaron nunca, solo tengo la piel un poco arrugada pero con la fe rejuvenecida de que una noche pronto, volveré acunarte en mis brazos, mi ayer niña que hace años se me fue de esta tierra a esa otra tierra para mi lejana, y para muchos paisanos jaula de oro. Mañana les contaré lo que sigue”,  dijo a los nietos la historia de esa estrella.

Hoy el cielo está muy nublado, ténganlo por seguro que aunque me duela la ausencia de esa hija distante mi corazón no se raja, no llora , no se doblega.

“No llore mi hijo , dele gracias a la vida que a aquí me tiene”. Ella se pone de pie se enfila a la cocina y regresa a la mesa grande con una jarra humeante y hartos panes; su voz anuncia un “aproxímense alrededor de la mesa, tomen una silla, siéntense y bébanse un champurrado con su abuela, no vaya ser que un día de estos mis santitos de cabecera me den la espalda y me les vaya para siempre. El más pequeño la abraza, replegándose a su pecho. Intuye  que la abuela vive un mal momento en su salud.

Una vecina que está de visita al escucharla le dice: ¡Ay Doña no diga esto, ni Dios lo quiera! Se santigua; todos guardan silencio y un hijo con pelo cano, deja caer de sus ojos las pendientes cristalinas salubres gotas que la abuela por orgullo, nunca dejó que emergieran de sus cansados ojos… Ella a veces platica con una estrella que dice que algo de hermosa tiene como la que es su hija.

Texto: Valentín Ortiz Rebolloso, Pintura de Georgio Gjergj Kola, Ebano,S.L.P.Méx./ Julio del 2017

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