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La Capital Política./ El genio de Ricardo. por:Octavio César Mendoza Gómez.

Dicen que sólo los genios saben escoger a sus enemigos, para vencerlos a su debido tiempo. Hace algunos meses, pasada la contienda electoral donde el PRI hizo hasta lo imposible por conservar el Estado de México y Coahuila, Ricardo Anaya rompió lanzas con el Gobierno Federal. Salió de Los Pinos visiblemente molesto, y con razón: Peña Nieto le había prometido no utilizar la maquinaria para aplastar al PAN en Coahuila, con la finalidad de romper con el imperio de impunidad de la familia Moreira y proceder judicialmente contra Humberto y Rubén, por el severo daño que han causado a las finanzas públicas del Estado donde nació el entrañable poeta Manuel Acuña.

Dentro de Los Pinos, Peña Nieto y sus amigos celebraban la victoria, y analizaban el escenario hacia 2018: es posible vencer a López Obrador si se aplica el aceite necesario de la corrupción de autoridades electorales, cuerpos de seguridad, delegaciones y dependencias de Gobierno, y bajar a los sectores más agraviados de la sociedad, los pobres, algo de ese aceite para llevar a votar en masa a los millones de ignorantes necesarios para seguir festejando triunfos sin gloria. En dos semanas, en apenas catorce días, Ricardo Anaya pasó de ser el aliado del Presidente a ser el objeto de una manipulación perversa. Como Acuña, Anaya pertenecía al romanticismo tardío.

O así lo pensaron en Los Pinos, y también en los centros operativos de la campaña interna de cierta Pre-Candidata, según fuentes cercanas. Precisamente en el búnker de dicha Pre-Candidata observaron con claridad la oportunidad de tomar el relevo de interlocución con el ejecutivo federal para rearmar la estrategia que, finalmente, diera a la multicitada la posibilidad de quedarse con la Candidatura Panista a la Presidencia de la República. Como suele suceder en esos casos, se ofrecieron treguas, se plantearon estrategias y se firmaron sobre el invisible papel de la secrecía los acuerdos de cooperación entre los calderonistas y los peñanietistas.

Durante los siguientes meses, la Secretaría de Gobernación armó un expediente gordo en contra de Ricardo Anaya y pidió el Paquete Premium de un periódico que se vende muy bien y cuya circulación digital es de alcance nacional, internacional y Universal –no cito nombres para no tener que conceder el Derecho de réplica, pues cuando éste no existía también fui objeto de escarnio de algún editor de ese conglomerado de medios, aunque escribí algunas de las últimas páginas más recordadas de una revista que se publicaba cada Día Siete-, para darle al Presidente Anaya hasta con la cubeta: que si los spots, que si la familia adinerada, que si Atlanta y que si Las Vegas.

La misma apariencia de simplicidad es lo complejo de lo genial. Ricardo Anaya frotó la lámpara y asomó el genio que lo llevó, en su momento, a afianzarse en la dirigencia del Partido Acción Nacional. Primero amarró el acuerdo de alianza con los Partidos de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano, y después dio reversa a un antiguo compromiso de la bancada Panista en el Congreso, para frenar de golpe el arribo del Fiscal Carnal de Peña Nieto al hermoso cielo de la impunidad transexenal. Entonces los Ochoa, los Osorio, los Meade, los Videgaray y hasta los Calderón voltearon a ver qué rayos: el “chico maravilla” había puesto de rodillas al Presidente.

Al mismo tiempo, como si se tratase de una muestra de habilidades a tres bandas de alta escuela, el jovencito rubio y espigado evidenció y se quitó de encima a los Panistas que habían vendido su cabeza por treinta denarios, y puso en acción un movimiento nacional por la unidad partidista que, en San Luis Potosí, el sábado pasado, dio muestras de poder convocar a más de un liderazgo real ante los medios de comunicación, con rostros frescos acompañados por quienes han visto pasar los mejores y más agotadores años de la lucha civilista del PAN en nuestro terruño sin jamás rendirse o cambiarse de Partido.

Hoy no existe más Fiscal Carnal y la basura que se esconde bajo la alfombra tendrá que irse acumulando en otra parte. Hoy también, el llamado Frente Ciudadano por México, esa hasta hace un mes impensable lianza entre PAN, PRD y PMC, arranca el proceso electoral presidencial de nuestro País con cinco puntos de ventaja por encima de la alianza MoReNa-PT y su eterno Candidato –ahora dirá que la cuarta es la vencida- y diez por encima del PRI y su alianza parasitaria PVEM-PNA-PES, en las encuestas más conservadoras; y hasta por veinte puntos por encima del Partido del Presidente Peña Nieto en las encuestas más arriesgadas.

Las mofas en política suelen ser costosas; pero aún más las amenazas. La mofa de nulificar el acuerdo de no intromisión en los comicios de Coahuila, sumada a la amenaza de destruir la trayectoria y la reputación de Ricardo Anaya “para que ni el Gobierno de Querétaro pueda alcanzar jamás”, se volvieron en contra de sus coautores, y el chirrión les salpicó los festejos. Anaya demostró que primero, antes que nada, hay que agotar todos los recursos intelectuales a la mano antes de dar un paso en cualquier dirección, y así lo hizo. Así se ganó la admiración de muchos que dudaban de su cacumen, y se volvió el adversario a vencer en el 2018.

De pronto, Ricardo Anaya Presidente del PAN puede pasar a convertirse en Ricardo Anaya Presidente de México. Y todo por haber leído a Maquiavelo con la serenidad y la atención de quien sabe que la prisa es poco elegante y que los condimentos (y no los cocineros) son los que hacen sabrosa a una comida. Imagino que en los cuarteles de aquellos que ya sentían las Candidaturas en las manos (y hasta se daban el lujo de desdeñar las advertencias del peligro que implicaba organizar una gira al vapor como la mejor forma de hacer colapsar a una Pre Candidata) se están preguntando quién ese tal Maquiavelo, y por qué no hay un recetario suyo en su cocina.

No quería decir “se los dije” pero sí se los dije: sólo los genios saben escoger a sus enemigos.

Me deben un par de cervezas.

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