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El doliente: Un texto de Valentín Ortiz Rebolloso

Ébano, S. L. P.- Cuál de todos los Dioses y Santos milagrosos pudieran hacer el milagro del que Usted estuviera presente el día de mañana en que mi cuerpo fuera entregado a la madre tierra. Y éste no se llevara a su tumba el dolor inmenso de que usted a su última morada no lo acompañara ?

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Frente a una tumba de un ser desconocido se encontraba un vagabundo cubierto con andrajos, por eso intempestivamente despertó y caviló por unos cinco minutos: No será una vivencia adelantada que me espera lo que estoy soñando?

A las 3:11 a.m aquel doliente, intranquilo ser, se puso de pie y lavó su rostro, en juagó su boca,  abrió una puerta de su alacena, bucaba algo, con sus dedos de la mano al tocar algo lo supo; era una botella de vino tinto y lo dijo sin pronunciarlo.

Tengo años de no beberme una copa, tengo miedo de recar otra vez, siguió tocando, hurgó hasta el último rincón y dió con la bolsa de café de coralillo, la botella que nunca vió con sus ojos, no se alejaba de sus pensares.

“No tiene caso beberme un trago”; extrajo de su alacena la bolsa de cafe y cerró con firmeza la puerta de ésta.

El perro al escuchar el fuerte ruido del portazó ladró y corrio tras la ventana de la cocina presto a descubrir y atrapar el intruso.

“Calmado  Boby, no te alarmes, no hay de que preocuparse, anda te daré unas galletas”. El Boby sereno regresó a su puesto de vigilia y esperó le cumplieran lo prometido.

Hubo algo que le impidió tomar la botella y beberse un trago para aquél que le escribiera los mejores versos a ella, la cual era la culpable de los alientos al insomnio que pudo ser, él mismo se preguntaba…

Texto de Valentín Ortiz Rebolloso , Pintura de Georgio Gjergj Kola, av4 de Noviembre de 2017

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