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En homenaje al profesorado y las madres: El largo andar por el calvario: Entrevista a Edith Pérez Rodríguez:

Por Gerardo Guillermo Almendárez Mireles

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  • En mayo de 2017, en torno a la conmemoración del Día de las Madres, publicamos la amplia entrevista realizada a la profesora Edith Pérez Rodríguez, madre tía y hermana de un hombre y varios jóvenes de su familia que regresaban de un viaje de compras a los Estados Unidos, quienes a unos minutos de llegar a su destino, inexplicablemente desaparecieron, aún en territorio Tamaulipeco. Por la vigencia del tema de las desapariciones forzadas, hoy día de los Maestros y las Maestras, republicamos este interesante texto.

Las razones de una madre. Un preámbulo a la entrevista con la profesora Edith Pérez

San Luis Potosí, S. L. P.- ¿Cuánto es el peso; la dimensión; la altura, el tiempo, o cualquier otra medida que puede soportar la humanidad de una madre a causa de una ausencia?

Esa es una pregunta que sigue en el aire para la profesora Edith Pérez Rodríguez quien en este mes de mayo de 2017 cumple 57 meses que significan 244 semanas; 1710 días; o lo que es lo mismo 40 mil 800 horas de martillarse la mente por el recuerdo de sus hijos; 2 millones 448 mil minutos de preguntarse dónde están y cuándo regresarán; y casi 147 millones de segundos, que como alfileres le taladran los ojos para tratar de evitar el llanto.

La maestra Edith es la misma quien en varias ocasiones ha interpelado a los últimos dos Presidentes de la República, Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto para exigir su intervención y una respuesta para que se le defina el paradero y la suerte que corrieron sus hijos, desde su desaparición en agosto de 2012, al transitar por una carretera de Tamaulipas, unos minutos antes de cruzar su frontera con nuestro Estado.

Es ella la misma que no ha descansado en buscar pistas y seguir la huella de todos los detenidos relacionados con el crimen organizado en la región de Tamaulipas, Veracruz y San Luis Potosí, y quien ante el paso del tiempo no sólo hace por localizar a sus familiares desaparecidos, sino que ahora, a través de la asociación Voz y Dignidad por los Nuestros, busca apoyar a otros que como ella, tienen algún familiar perdido en la región Huasteca.

Los detalles de su calvario de casi cinco años lo expresa la profesora Edith Pérez en voz propia, y esto es sólo un pequeño preámbulo de la amplia entrevista realizada para Vox Populi y Metrópoli San Luis.

Edith Pérez Rodríguez: El largo andar por el calvario

(Primera parte)

A casi 5 años de su desaparición, Edith Pérez Rodríguez sigue buscando a su hermano, sus hijos y sobrinos desaparecidos, sin que hasta ahora se ilumine una luz de certeza al final del túnel.

Por medio de un amigo en común, la profesora Edith Pérez entró en contacto ya hace tiempo con este reportero para hablar de un grave problema que le aquejaba.

Al llegar al lugar de la cita, la sorpresa mayor fue no encontrar a una mujer deshecha por la pérdida de su sobrina Milinaly, hjja de una de sus hermanas; de sus hijos José Arturo y Alexis; de su hermano Ignacio, así como del hijo de éste, su sobrino Aldo de Jesús.

Con una impresionante fortaleza, la profesora inicia su narración recordando que todos sus ausentes desaparecieron el 14 de agosto de 2012 en el Mante Tamaulipas, cuando salían de esa ciudad a carretera, con rumbo a Tamuín. Todos ellos venían de Houston, Texas, a donde habían ido de compras.

Con toda entereza, la profesora recuerda que su hermano llevó de viaje a sus hijos y sobrinos porque les quería comprar ropa, ante el próximo inicio de clases; “iba a ir otra de mis hijas pero tenía el pasaporte vencido, y el hijo de mi hermana también se quedó”. Ese día se dieron cuenta de que el pasaporte estaba vencido.

Edith Pérez se reacomoda en la silla del céntrico café de esta Capital de San Luis Potosí, elegido para la cita, y rememora que el funesto día de la desaparición, su hijo José Arturo le llamó a las 6:36 y le dijo que casi iba llegando al Mante.

“Mi esposo es de Tamaulipas y conoce perfectamente el camino. Si me dijo que casi iban llegando, quiere decir que no venían en Xico, ni en El Limón; en primera instancia nos decían que la desaparición habría sido entre Victoria y el Mante, pero yo siempre he dicho que no”.

Recuerda que en esa llamada conversó con su hijo durante 10 a 15 minutos, y luego le comunicó a su hermano Ignacio con quien platicó otros minutos; “Bien contento que estaba. Me dice: “N’hombre, venimos muy bien, todo bien; luego me pasa a mi hijo quien me dice: A más tardar a las 8, o cuando mucho a las 8 y media estamos allá”.

A las 6:58, la maestra Edith recibió un mensaje de su hijo, quien le preguntaba si había pagado su inscripción al tecnológico, pero considerando que estaban por llegar ya no le contestó, porque se dio cuenta hasta las 7:40, cuando iba de salida a casa de su madre, a donde iban a esperar a todos los viajeros, como era costumbre de la familia, cuando algunos salían de viaje.

Cuando vimos que eran ya las 8 de la noche, la abuela de la familia pidió que se llamara a los viajeros para saber por qué lugar venían, porque tal vez para ese momento ya irían llegando, lo que ya apuraba para comenzar a servir la cena.

La idea era que ya estarían en Ciudad Valles, pero todos los teléfonos marcados indicaban que se encontraban fuera del área de servicio, por lo que comenzó la alarma, ya que solamente en un tramo que se cruza en un minuto, subiendo el Abra, se interrumpe la señal, por lo que se hizo muy extraña la demora.

A partir de ese momento, la maestra Edith no supo más de su familia, y así inició el camino por un calvario, hasta hoy interminable.

(Segunda parte)

Antes de comenzar a hablar de las primeras horas de la desaparición de sus familiares, Edith Pérez evoca en tiempo presente a sus familiares, como en un intento de aferrarse a su existencia terrena en algún lugar de este convulsionado México, sobre todo en aquellas regiones donde algunos grupos criminales hacen sentir su poder y su presencia: “Mi hermano Ignacio es una persona tranquila; tiene más de 20 años trabajando para CEMEX, y se encarga de desazolvar los hornos del Clinker, – que es el compuesto de caliza y arcilla para fabricar el cemento -, y durante mucho tiempo tuvo contrato, y acababa de firmar uno más por 10 años” refiere la entrevistada al recordar a quien fuera candidato a la alcaldía de Tamuín para el periodo 2012-2015, llevando la representación del Partido de la Revolución Democrática.

“Somos una familia muy unida con altibajos como todas, pero muy unida”, advierte la profesora quien clava la mirada en una taza de café, como tratando de encontrar alguna ruta hacia sus hijos, de quienes recuerda, según lo pudo notar en la charla telefónica que sostuvo con ellos, que venían muy contentos, pues llegaron a casa de una familia en Houston, donde se reunieron varios originarios más de Tamuín, “y todas esas personas les pidieron permiso de subir maletas a su camioneta para que las trajeran a sus familiares”, de este lado de la frontera norte.

“De Houston nos dicen que venían muy cargados de maletas, e inclusive dicen que mi hermano traía la camioneta muy sucia, por lo que los paisanos le ofrecieron lavarla, pero Ignacio prefirió mantenerla así para que pasara desapercibida”, lo cual era poco probable, siendo una camioneta Sierra, tipo Denaly, color plata lunar.

A las 9 de la noche, una de las hermanas propuso comenzar a indagar qué sucedía, por lo que decidió marcarle a un cuñado que vive en el Mante, pero al contestar una de sus concuñas, a ésta se le dio cuenta de la situación, y se le solicitó preguntar al departamento de tránsito local si tenían conocimiento del paradero del vehículo de su hermano. Al tiempo, comenzaron a buscarse los teléfonos de la Policía Ministerial de Tamaulipas, del puesto militar en el Mante, y de la delegación local de la Policía Federal.

En Tránsito, la respuesta fue que no se tenía conocimiento de accidente alguno, y se desconocía el paradero del vehículo. Lo mismo se respondió en las demás dependencias tamaulipecas, al igual que en las oficinas del 5º. Regimiento de la Secretaría de la Defensa Nacional, con sede en Ciudad Valles.

La opción fue pensar en que había sufrido alguna falla mecánica. Al día siguiente, el esposo de la profesora Edith salió de su domicilio con la firme intención de presentar denuncia, aunque no sabían a quién, ni a dónde recurrir.

Por el lugar de la última llamada establecida, se determinó que la denuncia se haría en Ciudad Mante. Además se solicitó la intervención de las autoridades norteamericanas, en virtud de que la menor desaparecida, Milinaly, es ciudadana americana, por lo cual se llamó al consulado.

Al intentar levantar la denuncia en el Mante, ésta es rechazada y se les responde que no se va a investigar, porque las cosas “están muy mal” en esa ciudad para llevar a cabo una investigación de esa naturaleza, “pues no hay policías suficientes”, y a cambio se recomienda que el caso se lleve a las instancias Federales o militares.

Del asunto sólo hasta 3 días de sucedido comienza a hablarse en los medios informativos, cuando el periódico Milenio de la Ciudad de México da la noticia de que el excandidato a la presidencia municipal por el PRD, había desaparecido junto a su hijo y 3 sobrinos.

El sábado 18 de agosto Edith Pérez recibe la llamada de uno de sus cuñados, quien le informa que los presuntos captores se comunicarían con Ary, – uno de sus sobrinos -, para pedirle una cantidad de rescate, cuyo monto se estableció en 700 mil pesos. Sin embargo, durante la negociación se descubre que todo era un engaño, en virtud de que algunos medios que informaron sobre la desaparición, equivocadamente consideraron que Alexis era una niña, información que así fue retomada por los presuntos secuestradores.

Según los delincuentes, como prueba de vida, Alexis pedía hablar con su madre. La maestra toma el teléfono y comienza la negociación, que se reduce a la petición de 100 mil pesos para entregar de inmediato a la familia, aunque para ello se exigió hablar  previamente con Alexis, pero la propuesta fue rechazada, señalando que se permitiría hablar con los cautivos, sólo después de que se hiciera un depósito en una tienda departamental de Ciudad Valles.

Ya en esa tienda, abarrotada por el próximo regreso a clases, los delincuentes interrumpieron la comunicación, y luego cambiaron en dos o tres ocasiones de negociador, hasta que la maestra pidió tener un solo interlocutor. La negociación finalizó cuando los presuntos plagiarios acabaron por solicitar 5 mil pesos para permitir la comunicación con uno de los secuestrados. En ese momento, la maestra decide suspender esa comunicación, y coincide con su esposo en que este grupo nada tiene qué ver con la desaparición de sus familiares.

Todo esto sucedió 4 días después de presentar la denuncia en El Mante, por lo que la familia presume que el intento de extorsión provino de elementos de tránsito municipal, los únicos que contaban con un número telefónico de la familia, que hasta ese momento, a ninguna otra corporación se le había compartido. Esa fue la única referencia que se pudo tener; “por lo demás pareciera que se los hubiera tragado la tierra, al igual que a la camioneta”, balbucea en este momento la maestra, quien pareciera estar a punto de derrumbarse, pero vuelve a tomar aliento.

Con un poco de brillo en los ojos, por la esperanza que representaba ese momento, la entrevistada rememora el 23 de agosto posterior, fecha en que se dio un fuerte enfrentamiento en Felipe Ángeles, Puebla, donde perecieron muchas personas y en esas acciones se logró rescatar a otros 4 secuestrados, a los cuales fueron a ver y a tratar de entrevistar, primero con la esperanza de que entre ellos estuvieran sus hijos, o bien para tratar de obtener alguna información de ellos,  tarea que desde entonces se hizo rutinaria en cada caso de rescate del que se enteraba la Familia Pérez.

El 5 de septiembre en Xicoténcatl, Tamaulipas hubo un evento rescate de 4 hombres y una mujer secuestrados, “y pensábamos que eran ellos”, por lo que informados por los militares, acuden a verificar la identidad de los rescatados, y así, logran hablar con una chica, quien informó que durante su cautiverio, logró escuchar que sus captores hablaban de una familia de San Luis, y nada más.

Ya con el contacto establecido con los militares, la familia comienza a mantener el contacto durante dos a tres veces por semana con ellos para saber si se registraban novedades, si había rescates de secuestros o algún otro indicio para localizar a los desaparecidos.

En el rescate del 5 de septiembre se atrapa a 3 secuestradores, y uno de ellos, antes de ser recluido en Ciudad Juárez, Chihuahua, dice haber escuchado cuando se dio la orden de que la familia de los Pérez fuera secuestrada; incluso, dijo haber visto a Milinaly y a los hijos de Edith, a quienes aseguró haber custodiado durante un tiempo.

Posteriormente se localizó a una persona que en una plática casual dijo haber pasado por el lugar donde se realizó el secuestro, cuando a la salida de Ciudad Mante, con rumbo a El Abra, había mucho movimiento, y los vehículos que venían en sentido contrario cambiaban sus luces anunciando que algo sucedía más adelante.

Por ello, el testigo casual incluso consideró regresar por el mismo camino, temeroso de algún peligro más adelante, pues era evidente la presencia de hombres armados que en ese momento bloqueaban un carril del camino para comenzar a “levantar” a varias personas.

“¡No chingues, es una niña!”, exclama la maestra, replicando las palabras del testigo, expresadas a uno de sus compañeros de viaje cuando vio que la chica en cuestión era sacada de la camioneta por la fuerza, mientras que los varones se encontraban ya tirados de panza en el piso. Por este dato, dice Edith Pérez, se tiene la certeza de que el secuestro se registró en El Mante, Tamaulipas.

Posteriormente, cuando se localizaron unas fosas de donde se sacaron muchos cadáveres, el mismo delincuente que dijo ser custodio de los secuestrados, dio datos del lugar donde según su decir, se mantenía ocultos a los secuestrados; asimismo habló sobre lugares donde algunos plagiados eran “cocinados”, así como también dio nombres de participantes en esos ilícitos, y dio retratos hablados, pero en ninguno de los casos aparecieron sus familiares.

“Luego viene Felipe Calderón, y voy con él, – en noviembre de 2012, durante la inauguración del Libramiento Valles-Tamuín -, y es ya cuando la PGR toma el caso, pero las diligencias son muy lentas” remata con desaliento, la profesora Edith al recordar una de sus varias interpelaciones a los dos últimos Presidentes de México.

(Tercera parte)

Tras sufrir la pereza y el desinterés de las autoridades tamaulipecas por iniciar una investigación seria en torno a la desaparición de sus hijos, sobrinos y hermano, – mientras que las autoridades potosinas del momento se lavan las manos, aduciendo que la desaparición no se dio en territorio de nuestro Estado -, la profesora Edith Pérez y sus demás familiares deciden no quedarse cruzados de brazos e inician investigaciones por su cuenta comenzando por ir detrás de todos los casos que se relacionan con crimen organizado:

“Hay muchas personas a las que detienen por robo de autos, otros por halconeo; que traen radios, celulares, o motos robadas, y no traen armas, por lo que sólo van al Fuero Común, y al día siguiente ya están fuera. Pero gracias a las redes sociales, por los amigos u otras gentes, cuando me enteraba de que había un detenido, inmediatamente me trasladaba al Ministerio Público de El Mante para que lo interrogaran”, recuerda la profesora, quien señala que aún después de varios años de ocurrida la desaparición, “a todo se le da seguimiento. Muerto que sale, detenidos, o enfrentamientos, inmediatamente nos vamos. Vemos fotografías, cuchillos, machetes ensangrentados, – propiedad de delincuentes, con los que cometen sus fechorías -, y además solicitamos confrontas de ADN”.

Específicamente se refiere a los datos proporcionados por un presunto delincuente identificado como “El Solitario”, quien dio detalles sobre los cuerpos localizados en unas fosas en Tamaulipas, por lo que se solicitaron las confrontas de ADN, aunque tardaron mucho tiempo en dar resultados. Para fines de septiembre, él los llevó a esas fosas, y los resultados estuvieron listos hasta enero, “y eso porque PGR entró en noviembre, fue que hasta enero o febrero nos dieron los resultados negativos”.

Después para fines de octubre de 2012 atrapan a una joven sicaria, de 20 a 22 años, quien estuvo detenida en Nayarit. “Ella dio la ubicación de 3 fosas en Gómez Farías, y ahí vamos. Ella dijo que pertenecía a un grupo de delincuentes, y que no sabía de nuestra familia, pero el otro sujeto la contradijo afirmando que ella si sabía, por lo cual se solicitó un exhorto a fin de que pudiera declarar. Por esa misma época también se solicitó la declaración de un menor en Tampico, y otro en Chihuahua.

Posteriormente dijo haberse dado cuenta de la detención de un halcón al que ya venía siguiendo desde el secuestro de su familia. “Era el líder de una central de Halcones, y jefe de la plaza de El Mante, de quien se supo su identidad, ya que, en la pugna de ese momento entre dos agrupaciones criminales, “aventaban cuerpos y en los letreros que dejaban, ahí lo mencionaban”.

De sus indagaciones personales, la profesora Edith Pérez ofrece informes a la Procuraduría de Tamaulipas de ese momento, y sólo responden que lo van a ver, “pero regreso y no hay avances. Se molestan porque uno reclama resultados con detenidos de los que nos enteramos, y que ellos nos niegan”.

Al recordar esos primeros meses de la ausencia de sus hijos, la maestra señala con certeza que la única ayuda que recibió su familia para localizar a los desaparecidos fue de la Marina, de Militares y Policías Federales, y aunque en forma limitada, también de la PGR, porque para actuar tienen qué esperar órdenes, exhortos, etcétera.

Por ejemplo, señala que hasta ese momento todas las confrontas de ADN las hacía la Procuraduría estatal y no se permitía intervenir a PGR ,  y hasta que ellos sacaban sus confrontas las pasaban a PGR. Hoy día esa situación está cambiando y se trabaja ya en la conformación de un banco nacional de muestras de ADN, con el objetivo de coadyuvar así en la localización de personas desaparecidas.

De sus investigaciones recuerda particularmente un confronta de 9 fosas localizadas en El Encino, municipio de Gómez Farías, Tamaulipas, por las que detuvieron a cuatro personas: Tres menores y una mujer adulta que fue recluida en Tabasco.

Uno de los menores, con edad entre 14 y 15 años los llevó a donde estaban las fosas, donde encontraron machetes, y dijo que él se encargaba de descuartizar; la mujer se encargaba de ayudarle a acomodar los cuerpos, y otra chica de 15 años se encargaba de prostituirse para aportar dinero a la célula. El que los lideraba escapó, y la adulta que recluyeron no quiso decir nada.

Los menores, por esa condición fueron liberados, “ya que cuando están con los policías o los militares dicen todo, pero cuando los llevan antes las autoridades ministeriales ya no dicen nada, porque ahí ya se saben que salen libres”.

Para lograr la declaración los Federales y militares tuvieron qué ir suavizando sus métodos para lograr que rindieran una declaración, “por ejemplo decía quien detuvo a ese menor, que cuando le hablaba fuerte se trababa. Luego de que ya comenzó a darle confianza, el muchacho comenzó a declarar y lo llevó a donde estaban las fosas, y dijo que él sabía de esas 9 fosas porque él mismo las había hecho, pero no sabía si existían más en las cercanías.

Posteriormente, ya cuando este chico fue liberado, la maestra Edith preguntó al agente del Ministerio público, por qué había sido liberado, y la respuesta fue que no había declarado nada, por lo que fue entregado a su abuelo.

Refiere que más tarde visitó el Encino, un ejido localizado rumbo a Llera, por la carretera vieja a Ciudad Victoria; para llegar Se pasa Loma Alta y enseguida se encuentra la entrada a Gómez Farías y luego está una brecha para el Encino, y por ahí se llega también a la reserva ecológica El Cielo.  En ese lugar, señala, comenzó a hacer plática con una persona en una nevería, donde le comentaron que por esa época, el lugar era un paso de delincuentes, quienes acostumbraban viajar “en unas camionetonas, con unas muchachas bien bonitas, jovencitas, entre 14 y 16 años, guapas, altas, blancas, quienes bajan a arreglarse y a hacer compras”.

Ya entrados en confianza, se dio pie para mostrar las fotos de sus familiares y a preguntar si de ahí no se han llevado a algunas personas: “Fíjese que se acaban de llevar a uno, y hace como 15 días se llevaron al hermano, son los únicos; ah, y a un muchachillo de 17 años. Él vive con su mamá y su padrastro, pero él quiso trabajar con ellos, por lo que vinieron los hombres a hablar con la mamá y le dijeron los deseos de su hijo y que sí se lo llevaban, pero la mamá no lo dejó. Las características de éste último coinciden con el que dejaron ir por el caso de las 9 fosas, “pero luego lo trajeron los militares, y les advirtieron a él y a sus familiares, – Váyanse ahorita, porque si no después van a aparecer todos muertos -: Al otro día, a’i vienen los malos y les voltearon toda la casa y hasta ahorita no sabemos para dónde se fueron”.

Y así como es eso, nos enteramos de muchas otras cosas, remata nuestra entrevistada, al tiempo de advertir que toda esa información sólo fue utilizada en su momento como un hilo conductor para llegar hacia el paradero de sus ausentes, y al paso del tiempo, como todas las cosas, esa información se ha ido diluyendo, porque las condiciones de ahora son muy diferentes a las de hace 5 años, pero la llama de la esperanza, esa sí que sigue bien viva.

(Cuarta y última parte)

La entrevista llega a un punto de tensión máximo, por lo que hablamos de cómo nuestro amigo en común hizo lo posible para que la profesora y este reportero nos reuniéramos, y por un momento, mi mente se confunde y pregunto si trabaja junto con nuestro amigo, inspector de zona de enseñanza primaria, originario de Ébano, pero la maestra me mira condescendiente y me recuerda que ella habita en el municipio de Tamuín, momento que aprovecho para regresar al tema:

– ¿Por qué se dio el secuestro? ¿Fue fortuito? -, cuestiono con un dejo de incomprensibilidad

No nos explicamos cómo es (hace una prolongada pausa y deja que el sentimiento se instale, respira hondo y lo va sacando poco a poco desde la garganta hasta resonar éntrelos labios). Al cabo de unos segundos recobra la palabra: “No nos explicamos cómo han soltado a tantos; nos hemos enterado que hay a quienes les han dado hasta 500 o 1 mil pesos para que se regresen a sus casas, como el caso de un amigo que venía del otro lado y lo levantaron. Nomás le quitaron lo que traía de cosas nuevas. No le quitaron el vehículo ¿y cómo a ellos… que son niños…? Deja la pregunta en el aire y señala que los propios agentes ministeriales dicen no explicarse lo que sucedió con los cinco desaparecidos.

“Ellos piensan que alguno de ellos se puso al brinco; no sé, que alguno de ellos los haya alterado, y los cuatro, por defender a la niña, pudieron haberse confrontado con sus captores. Según la declaración de este sujeto, al que identificaron como El Solitario, al que los levantó no le correspondía hacerlo, porque quien presuntamente dio la orden era el jefe de Xico, y ya no le correspondía meterse al Mante. En ese sentido se dio la invasión del territorio de un jefe de plaza a otro, aun cuando eran de la misma organización”.

La profesora hace notar que entre ellos “respetan su territorio: El de Llera no entra a Xico ni a Ocampo; el de Mante o de Xico, pide permiso para entrar a esos territorios, aunque entre ellos se comunican”. Por ello, el informante dijo que a sus hijos los repartieron entre Llera y Xiconténcatl, supuestamente. “Entonces que mi hermano se resistió y que le dispararon a las llantas, y que como se hizo el escándalo, el jefe de plaza de El Mante estaba muy molesto porque se habían metido en su territorio, entonces por eso ya no pidieron rescate”.

Según el sicario, los secuestrados de la Familia Pérez no estarían muertos, porque a él se los entregaban para matarlos, pero en esa ocasión, aseguró, a él se los entregaron porque los iban a poner a trabajar, “entonces vino el de Llera y se llevó a dos, y el del Mante se quedó con dos, pero les dijeron que iban a trabajar y dijeron que si”.

Según la declaración del delincuente, los miembros de ese grupo criminal habrían investigado a la familia Pérez, y con esa información se amenazó a los secuestrados para que “trabajaran” en las filas de los delincuentes, “y si no, se les dijo que iban a ir por sus familiares, por su papá y por su mamá”. El mismo detenido, precisó que en esa época, el grupo que los secuestró se estaba viendo mermado por lo que entraron en una etapa de leva forzada, e iniciaron los secuestros de braceros para forzarlos a trabajar.

La plática entra en su recta final y la maestra me va mostrando una serie de fotografías y carteles: “Ellos ya tienen un ofrecimiento de recompensa por PGR, y por el Gobierno del Estado de Tamaulipas, después de que le hice la propuesta a Felipe Calderón”. Poco después, un hermano que está en Estados Unidos solicitó una audiencia al Presidente Calderón. En enero de 2013 yo fui a ver a Peña Nieto a Veracruz, y de la oficina de la Presidencia se envió respuesta de que habían recibido la propuesta y que se estaba viendo el asunto, pero de ahí, durante un tiempo no hubo más nada.

Lo que pedimos en esa ocasión fue un grupo de investigación como San Luis Potosí los tenía en esa época; eran cinco grupos de investigación antisecuestros. De hecho cuando esto inició se contactó con uno de esos grupos, y con el Subprocurador José Luis Ruiz Contreras. Cuando se enteraron que habían sido contactados, agentes ministeriales potosinos fueron a Tamuín para ayudar si había necesidad de negociar.

A ellos se les relataron cómo habían sido las cosas con los primeros presuntos secuestradores, con quienes se rompió la negociación, y dijeron que no era nada serio, que en todo caso, si esas personas tuvieran retenidos a sus familiares, les hubieran marcado de los mismos teléfonos de ellos, que es lo más usual, y entre todos contaban con 6 números activos.

Por su parte, delincuente identificado como “El Solitario”, dijo que el grupo al que pertenecía nunca hizo una llamada para solicitar rescate.

Así las cosas, la conclusión es que sobre los motivos del secuestro, no hay una razón válida o aparente.

“Por octubre nos enteramos de esta declaración. Anduvimos investigando si mi hermano tenía algún problema, pero nada. Mi hermana era quien le llevaba la campaña, y otros familiares ayudábamos; lo que sabíamos es que él tenía mucha rencilla con el expresidente de Tamuín, el licenciado Rafael Rodríguez Pérez, porque cuando éste inicio su campaña, mi hermano lo apoyó mucho, pero luego Rafael Rodríguez se portó de una manera muy ruda. De hecho, recuerda, el exalcalde estuvo amparado porque se le imputaba una deuda de 100 millones de pesos, que no podía comprobar. Luego se lanzó se lanzó para diputado, y cuando estábamos en campaña, mi hermano decía que a ese señor, si no ganaba, lo iban a meter a la cárcel”.

“Al principio pensamos que la cosa podría ser una represalia, y no hemos descartado el hecho, pero todos los indicios nos dicen que fue fortuito, aunque nos cae extraño que el jefe de los sicarios se haya metido en otra plaza; eso lo supimos hasta que fuimos a hablar con el delincuente hasta Juárez, el estaca central, que es el único que ha hablado. Él me platicó que por eso no se había pedido rescate, porque el otro se metió a la fuerza”.

Sobre la identidad de quien pudo haber ordenado el plagio, la profesora dijo haber obtenido algunos datos, que luego en la Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas le pidieron, exigiéndole que les dijera quiénes eran. Sin embargo, les respondió que a ellos les correspondía investigar

De igual manera, en la Procuraduría de San Luis Potosí se trató de que se investigara al presunto responsable de haber ordenado el secuestro, “pero lo que me dijeron fue que quién era esa persona, y si él realmente sabía de mi familia: Le digo: ¿Que cree?, no sé, pero sí es un delincuente que yo he venido siguiendo desde que desapareció mi familia; puede ser, y si usted no pregunta va a saber de mi”

– Pero usted me está asegurando que está detenido -, le respondió el funcionario potosino.

– Le estoy dando nombres, lugares fecha de donde fue detenido, a dónde fue enviado y yo le estoy hablando de hechos; sólo le estoy pidiendo lo que le corresponde hacer a usted, y comprobar que yo le estoy diciendo la verdad y declararlo.

“La respuesta fue que se investigaría, pero le dije que le enviaría datos por correo electrónico, porque se escuchaban sonidos raros en el teléfono, por lo que pregunté si se estaba grabando la conversación”

– No sé usted es la que lo dice -, fue su respuesta.

Ya estábamos en contrapunto, pero insistí: Yo lo único que quiero es a mi familia, y le estoy hablando de alguien que ya en ese momento estaba detenido y se llama… Bueno no le voy a decir cómo se llama, le voy a mandar un correo electrónico y después me avisa si lo recibió. Lo que he visto es que se hacen de la vista gorda, y eso sólo ellos lo pueden hacer. No hay manera de sacar adelante esto”, expone la maestra decepcionada y con un gesto de impotencia, para luego continuar:

“Mi hermana ha difundido el caso a través de un blog que se llama Época Violenta y ahí viene toda la sinopsis de cómo desapareció nuestra familia y de todo lo que hemos hecho. En esos primeros meses hicimos una marcha, un plantón, e interrumpimos la vialidad intermitentemente en 3 ocasiones. Vino el subprocurador del Fuero Común de Valles pero no nos ofrecía nada. Quería que habláramos con el gobernador Fernando Toranzo; y cuando yo vi a Calderón, Toranzo ahí estaba”.

El vio, y todo mundo dijo que qué pena y qué grosera de mi parte por haber interrumpido al señor Presidente de la República, todos juzgándome en Valles, en Santa Elena. Ahí saqué mi manta y todos los medios nacionales e internacionales lo captaron. Calderón me preguntó si ya había ido a Províctima y yo le dije que habíamos ido a todas las instancias posibles y nadie nos ayudó.

A la distancia de 5 años, la situación no ha cambiado en mucho. Se mantiene la idea de que a sus hijos, a su hermano y sus sobrinos se los hubiera tragado la tierra, pero el ánimo de localizarlos sigue vigente, y por ello desde hace meses se ha convertido en una entusiasta activista por la causa de los desaparecidos, a través de la asociación civil Voz y Dignidad por los Nuestros, de la cual es su actual presidenta, y junto a cuyos integrantes, frecuentemente participa en marchas, manifestaciones, y reuniones con autoridades, todo con el fin de tratar de recuperar a los ausentes, los propios, y los de las familias que, primordialmente en la Huasteca potosina se han hermanado en la desgracia de perder a algunos de sus miembros.

Con esa esperanza, la maestra Edith Pérez Rodríguez nos comenta finalmente: “Tenemos un teléfono exclusivo, por si alguien llama. Ese lo tengo exclusivamente con saldo y todo, por quien quiera dar algún dato”, recalca con voz melancólica, pero eso sí, siempre firme y esperanzada por la ilusión de volver a ver a los suyos.

 

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