El Tiovivo. Impunidad y la Ley de la Atracción (I)

EL TIOVIVO

De acuerdo a las creencias de la nueva era, – que supongo es lo mismo que la doctrina del New Age -, existe algo que sus seguidores denominan la Ley de la Atracción. Dicha ley significa para sus seguidores que los pensamientos de una persona, conscientes o inconscientes, se supone provocan las emociones, creencias y consecuencias. Es decir, los pensamientos son causa y los sentimientos serían los efectos, o palabras más o menos “tú obtienes las cosas que piensas; tus pensamientos determinan tu experiencia”, es lo que dicen.

Pero en la vida cotidiana hay quienes en su vida atraen a las mujeres; algunos a muchas mujeres; hay otros que atraen a personas de su mismo sexo, a muchas personas de su mismo sexo, lo que no siempre puede resultar una bendición, si el atrayente no goza de ese tipo de preferencias.

Otros, como los superhéroes de los comics atraen problemas, viven problemas y sueñan problemas, que en muchas de las ocasiones ni siquiera son suyos.

Pues bien, quien esto escribe, también es un atrayente: Yo atraigo piedras de las comidas. Sí, no se sorprenda: Piedras de las comidas. Comencé primero con los frijoles, en casa, pese a la minuciosidad de mi abuela para limpiarlos. Después el asunto ya no era sólo en casa.

En una ocasión, en uno de esos puestos de comida que se instalan en el Centro Histórico en Semana Santa, una vendedora de fritangas me presumía que nunca en su vida, en comida preparada por ella, le había aparecido una piedra a sus comensales. Y esa fue la última vez que lo dijo. La señora supongo, sigue viva, pero tras la gordita de frijoles que me sirvió, el motivo de su orgullo se vio roto para siempre cuando apareció en mi boca, la primera piedra en los frijoles de su vida.

Y lo mismo, contra todo control de calidad, me han resultado piedras en los frijoles de lata, en la carne, en las lentejas, además de un largo e inesperado etcétera.

Pero el motivo primordial de este primer Tiovivo no es esa atracción anterior, sino la lamentable atracción que me persigue, traducida en una serie de delitos y acciones tales como fraudes, robos, abusos de confianza, entre otras tantas prácticas que ya son muy comunes en nuestra sociedad mexicana, y que cada día se reproducen más y más, a causa de la impunidad.

Esto tal parece, es el deporte nacional; el juego que todos jugamos.

Como ejemplo de lo anterior, en fechas recientes me he enterado del por qué en muchas instituciones públicas de salud no existen los más mínimos satisfactores  para atender a la derechohabiencia, pues muchos de esos insumos se pueden localizar en consultorios privados, malbaratados por empleados desleales, que lo mismo pueden ser médicos, enfermeras, choferes, mozos de oficina o afanadores, quienes como hormigas se llevan desde los lapiceros, las hojas de papel, las sábanas, instrumentos quirúrgicos, y medicamentos que van desde una simple aspirina, hasta medicamentos especializados. El juego que todos jugamos.

Y situaciones similares las podemos ver en cualquier otra oficina, no necesariamente en las de carácter público, y no pasa nada, lo que invita a que cada vez más personas se sumen al juego, que no es considerado como un robo, ni como un abuso de confianza o acción que requiera de castigo alguno.

En contraparte, los menos, hay quienes aún tratamos de evitar incurrir en situaciones de esa naturaleza, pero no nos salvamos de esta vorágine, ya sea como partícipes menores con cierto grado de culpa,  o bien, – aunque más correcto sería: o mal -, como víctimas.

Sirva pues esta entrega, como una primera parte para acercarnos a este tema sobre la Impunidad y Ley de Atracción, y en una segunda parte hablaremos de casos concretos de ese tipo de delitos comunes, a los que todos estamos expuestos. Hasta la próxima.

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