MACRINO (Fragmento); un texto de Valentín Ortiz Rebolloso

Ébano, S. L. P.- Vivir enseñando; aprendiendo de y para los demás, era una constante, como también lo fue el ir desaprendiendo para no errar en sus duros andares por esos pueblos, en donde los nombres de Librado Rivera, Francisco Villa y Emiliano Zapata, eran un anuncio nostálgico en los almanaques que un tendero le regalaba, cual aguinaldo, a sus compradores de productos básicos para no morir de hambre ni ellos, los miembros de su familia.

La vida es la mejor propuesta para vivirla con dignidad, y tener la posibilidad para defenderse contra los detractores que acechan, bajo el manto protector de los cobardes.

Estas fueron tantas de las sabias palabras de aquel que soñó en ser un maestro en la precariedad de sus soledades, donde sus sueños se acrecentaban.

No sé si él, ya les había dado lectura a las memorias del Santo de la Quebrada del Yuro, aunque al rememorarlo se confundía si era un impulsor del socialismo o comunismo, porque en su visita al pueblo de más arriba, sus ojos se encontraron con el hijo del patrón, vistiendo una playera con la esfinge de este santo.

Su gran ilusión era algún día vestir una de ellas, al igual que una boina roja.

Ahora con un poco de coraje comprendía por qué los pobres con cultura eran peligrosos, para aquellos que años atrás, a sus padres piscadores de café, los hacinaban en barracas, y los pocos insumos para subsistir ahí mismo se los vendían al 200 % descontándoselos de su paga.

Ser un profesor con el sueño de que sus alumnos no vivan un pasaje como los por él vividos, reclamaba sendos compromisos: Primero no olvidar con sus origenes históricos que lo trajerón a este mundo; tener vocación de hacer de sus práctica un verdadero evangelio; ser innovador en sus enseñanzas al romper lo que ata en el presente y futuro la conciencia; y el no ser sumiso ante los que no permiten transformar su sindicato para rehumanizar su vida y la de sus familias.

Macrino, antes de dormir contemplaba la luna de noviembre, que le recordaba la noche en que conjugó sus labios con Lupita, una cueruda que en un pueblo del norte le hizo olvidar que era un sujeto invisible.

Valentín Ortiz Rebolloso a 24 de noviembre de 2021

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