Para efectos de estas líneas entenderemos como organización: a la entidad social conformada por personas que interactúan y coordinan esfuerzos deliberadamente para alcanzar objetivos comunes. El concepto de ciudadanía será entendido como la condición jurídica y política que reconoce a una persona como miembro pleno de una comunidad o Estado. ¿Entonces qué es la legitimidad? Es la aceptación y reconocimiento de la autoridad o del poder político por parte de los ciudadanos, contrario a esto la ilegitimidad discrepa de normas morales, éticas, justas o legales. Se refiere a actos, gobiernos o situaciones que carecen de justificación o derecho, como el derrocamiento de un gobierno democrático.”
Fuentes: IPADE, JURÍDICAS UNAM y el Diccionario de Política de Norberto Bobbio.
Una vez desglosados los significados anteriores es prudente establecer que el correcto ejercicio de gobierno no depende únicamente de buenos y buenas funcionarias ó de sus equipos de trabajo, también es medular que la ciudadanía se organice para con ello lograr el accionar gubernamental o en su defecto la colocación en la agenda o discusión pública las problemáticas que-, dependiendo la afectación que representen sean atendidas de manera prioritaria.
Consecuentemente, la organización ciudadana es legítima cuando persigue objetivos claros y busca el beneficio comunitario y colectivo de un sector social que pudiese estar siendo afectado por la acción u omisión que sea menester de alguno de los tres niveles de gobierno.
Sin embargo, también es preciso mencionar la ilegitimidad de movimientos o causas que parecieran ser más una construcción con el propósito de desvirtuar las actividades o el funcionamiento de un gobierno. Campañas orquestadas con el fin único de denostar, descalificar y sin argumentos atacar a los entes públicos para con ello beneficiar intereses políticos y económicos que quieran la destrucción de la confianza ciudadana que asu vez deslegitime actores de la esfera política por el simple hecho de verlos como potencial competencia electoral futura.
Es aquí donde debemos detenernos y analizar que no todas las campañas digitales para dañar contienen datos reales, en el presente la violencia digital ha permeado las redes sociales y algunos medios de comunicación que sin mediar alguna revisión de la información disparan ataques en contra de personajes que compiten en el espacio público con posibilidades electorales en el 2027.
Urge una pacificación pero también organización ciudadana legítima, no destructiva, que realmente abone a la solución de los problemas.
Es necesario poner en la atención de todas y tidos que el análisis de la información que recibimos sea imperativo y de esa manera poder generar un criterio que considere información fidedigna y no caer en la trampa de la desinformación y en especial diferenciar entre una exigencia ciudadana real de otras que huelen más a manipulación.