De polvos y olvidos, entre uno y otro cafecito, 25 de mayo de 2022

Un texto de Valentín Ortiz Rebolloso.

Una historia que pocos la saben….

I

Ébano, S. L. P.- A’i te va esta lección de historia que no te enseñaron por tu paso por la primaria: Ponte buzo granuja, no quiero que usted me salga pendenciero ni media cuchara, menos oso hormiguero, ni mironcillo rajas….

Y para que vea que lo quiero, le merqué un Gansito y un Doble Cola para que se lo pase con gusto, mientras le cuento ésta.

Póngame atención, pinche muchacho, porque si no, le meteré uno bueno. Yo no quiero gastar saliva a lo pendej …

El que tiene conocimientos, es rico, salvo que sea de esos que solo aprendieron a echar porras…entonces ni para qué le seguimos con la historia ….

Observe al » Jerry “; vea como él, sí que me pone atención, y lo hace porque se ganará unos buenos huesos que más de rato se los compraré con «El Miguelón», el carnicero del Estación.

Mi padre era bien a todo tren, y más cuando a casa llegaba bien jambado. Hasta el perro se alegraba, no paraba de mover la cola. Las vecinas corrían las cortinas de sus ventanas, y había una que suspiraba al descubrir que mi padre vestía de blanco de pies a cabeza. Parecía un doctor, que después por ahí escuché de una de esas vecinas que les gusta el argüende, que mi padre le curaba la enfermedad del desamor, y la que le causaban sus tórridas temperaturas en sus soledades.

Yo lo escuchaba muy atento….

Hace muchos años un nieto de un soldado Villista que murió en la » Batalla del Ébano » me platicó la historia de que a su señor Padre-Abuelo lo conocían como » El Chingón «.

Desafortunadamente parte de su historia se perdió por los constantes ir y venir de un lugar a otro.

Su abuelo fue un hábil artillero que maniobró las «Las Browning machin gún co.»

Mi abuelo sufría mucho cuando recordaba los pelones que vio caer como tortolitas y tordos, cuando aprovecharon el descarrilamiento de un tren cargado de muchachitos pelones, que después supieron que eran obreros rojos traidores, que se unieron a los carrancones.

No se me olvida lo que me contó de niño. Si los Generales Villa y Zapata no hubieran sido traicionados, ésta guerra aún no nos tuviera como pueblo divididos; no cualquiera se aprovecharía de la ignorancia política y las necesidades del pueblo para gobernarlo.

Hasta hoy el pueblo sigue siendo traicionado, nomás mire como brincan los politiquillos, y la gente solo estira la mano para cobrar por el voto, sin saber sabiendo que por tres o seis años, sus familias no tendrán mejor futuro.

Bien dice el dicho, ¡el que es buey, hasta la coyunda lame!

Por eso, en este pueblo la gente mitiga su pobreza emborrachándose. No sé lo que piense usted, y ni me lo diga, porque no quiero salir mal contigo muchacho.

Estudie siempre, investigue lo que por ahí cuenta la gente. No todo lo que dicen es verdad. También compare los libros que escriben los letrados, que mucho de lo que escriben son jistorias a favor de los que nos subyugan.

No se junte con cualquiera y vea como se mueve el mundo, que ya mis ojos por culpa de la falta de luz interna, ya no ven bien lo que pasa.

Quién sabe en donde, mi abuelo perdió sus papeles que bien le hubieran permitido recibir un apoyo de los gobiernos que nacieron de la Revolución.

Los Carrancones le tenían miedo a los Villistas; si éstos hubieran tomado Ébano, éste pueblo fuera una gran ciudad, y sus gobernantes hubieran sido honestos.

Ahora cualquiera se siente «Chingón», sin saber el significado de la palabra.

Mira este rancho de «Auza», es el más olvidado; aquí bajo un árbol de mahuacatas,a mi padre le dio clases el profe Graciano Sánchez. Él fue un gran hombre muy letrado y justo.

En algún lugar del cementerio de » Auza “se encuentran enterrados los restos de mi amigo, y con él la historia verdadera que no se contó.

Mi padre, fue un milusos: Antes de ser Albañil, bombero, velador, cirquero; fue merolico, vendedor de ungüentos milagrosos. Por eso salió bueno para la verborrea.

Una de esas artistas le encasquetó el apodo de «El México».

 

  • Fotografía de un artillero Villista que maniobraba una ametralladora. “Browning Machine Gun Co., en tiempos de la revolución mexicana (1910-1920). Tomada de una publicación de Eva Ortega Jiménez para fines culturales.

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